PARTE 2 — Barbarroja: Minsk, Smolensk y el descubrimiento de la verdadera capacidad soviética

De Minsk a Smolensk: la Wehrmacht avanza hacia el corazón soviético



Después de las grandes victorias obtenidas durante las primeras semanas de la Operación Barbarroja, el mando alemán tenía razones para sentirse optimista.

Las bolsas de Białystok y Minsk habían provocado enormes pérdidas soviéticas.

Grandes cantidades de soldados habían sido capturados y numerosas unidades habían dejado de existir como formaciones organizadas.

Pero el éxito tenía una característica peligrosa:

los alemanes estaban avanzando más rápido que su propia capacidad logística.

Las unidades blindadas se alejaban cada vez más de sus bases.

La infantería tenía dificultades para mantener el ritmo.

Los vehículos sufrían desgaste.

Los suministros necesitaban recorrer distancias enormes.

Y mientras los alemanes avanzaban, los soviéticos retrocedían hacia un territorio cada vez más profundo.


Smolensk: una nueva batalla de grandes dimensiones

El objetivo siguiente del Grupo de Ejércitos Centro era Smolensk.

La ciudad constituía un importante punto estratégico sobre la ruta hacia Moscú.

La llegada alemana a la región provocó otra gran batalla.

Las fuerzas soviéticas fueron nuevamente rodeadas en varios sectores, pero esta vez la resistencia comenzó a ser más organizada.

El Ejército Rojo estaba aprendiendo de las primeras derrotas.

Los mandos soviéticos intentaban reconstruir sus formaciones, establecer nuevas líneas defensivas y lanzar contraataques.

Los alemanes continuaban avanzando, pero la velocidad de la campaña comenzó a reducirse.

La batalla de Smolensk se convirtió en una señal de que el conflicto no sería tan sencillo como había imaginado Berlín.


El T-34 aparece en escena



Uno de los elementos que más sorprendieron a los alemanes fue la aparición de los nuevos carros soviéticos.

El T-34 comenzó a demostrar que la Unión Soviética no poseía solamente enormes cantidades de tanques, sino también diseños capaces de superar a muchos de los vehículos alemanes disponibles en 1941.

El blindaje inclinado dificultaba la penetración de los proyectiles.

El cañón de 76,2 mm tenía una potencia considerable.

Y sus orugas permitían una movilidad adecuada en terrenos donde otros vehículos podían tener dificultades.

También el KV-1 representaba un serio problema para las armas antitanque alemanas.

Pero el verdadero peligro no estaba solamente en el diseño del T-34.

Estaba en la capacidad de producción.


La fábrica como arma de guerra

Alemania podía producir excelentes armas, pero la guerra en el Este exigiría cantidades enormes.

La Unión Soviética había construido durante los años anteriores una importante base industrial.

La invasión provocó la pérdida de numerosas fábricas occidentales, pero también desencadenó una operación de evacuación industrial gigantesca.

Las instalaciones eran desmontadas.

Las máquinas eran cargadas en trenes.

Los trabajadores y técnicos acompañaban los equipos.

El destino podía encontrarse a cientos o incluso miles de kilómetros del frente.

En los Urales comenzaron a crecer nuevos centros industriales.

La producción militar fue reorganizada para privilegiar cantidad, simplicidad y rapidez.

La guerra industrial soviética todavía estaba empezando.


El error alemán fue también económico



La inteligencia alemana había intentado calcular el potencial soviético mediante las fábricas y recursos que podía identificar.

Pero una economía de guerra no podía medirse solamente contando las fábricas existentes en junio de 1941.

Había que calcular:

¿cuánto podía producir la Unión Soviética después de perder sus regiones occidentales?

La respuesta resultó ser mucho mayor de lo que Berlín esperaba.

La evacuación industrial permitió conservar una parte esencial de la capacidad productiva.

La industria soviética fue trasladada hacia regiones que estaban fuera del alcance inmediato de las tropas alemanas.

Esta capacidad de recuperación se convertiría en uno de los factores decisivos de la guerra.


La Wehrmacht seguía ganando batallas

Es importante evitar una interpretación equivocada.

La aparición del T-34 y la recuperación soviética no significaron que Alemania hubiera perdido la iniciativa en julio de 1941.

La Wehrmacht seguía siendo una fuerza militar extremadamente poderosa.

Sus mandos tenían una enorme experiencia.

Las unidades blindadas estaban acostumbradas a operaciones móviles.

La coordinación entre tanques, infantería, artillería y aviación seguía produciendo resultados impresionantes.

Los alemanes continuaron conquistando enormes extensiones de territorio.

El problema era que las victorias tácticas no estaban produciendo el resultado estratégico que Hitler esperaba.


La gran pregunta: ¿Moscú o Ucrania?

Mientras la campaña avanzaba, comenzó a surgir un importante debate dentro del mando alemán.

¿Debía el Grupo de Ejércitos Centro continuar directamente hacia Moscú?

¿O era necesario destruir primero las enormes fuerzas soviéticas desplegadas en Ucrania?

La decisión tendría consecuencias enormes.

Las operaciones hacia el sur permitirían cerrar una gigantesca bolsa alrededor de las fuerzas soviéticas de Kiev.

Desde un punto de vista militar, el resultado sería extraordinario.

Pero también consumiría tiempo.

Y el tiempo era precisamente el recurso que Alemania comenzaba a perder.


La batalla de Kiev



Durante septiembre de 1941, los alemanes consiguieron una de las mayores victorias de toda la campaña.

Las fuerzas alemanas realizaron una enorme maniobra de cerco alrededor de las fuerzas soviéticas de Kiev.

La operación produjo cientos de miles de prisioneros y enormes pérdidas soviéticas.

Desde el punto de vista operacional, fue un triunfo impresionante.

Sin embargo, la victoria no resolvió el problema fundamental.

La Unión Soviética continuaba combatiendo.

Mientras los alemanes destruían ejércitos en Ucrania, el tiempo seguía avanzando.

El verano estaba terminando.

El otoño se acercaba.

Y con él llegaría el barro.


El problema de las distancias

Barbarroja estaba diseñada alrededor de grandes movimientos mecanizados.

Pero cada avance suponía un aumento de las distancias logísticas.

Los camiones necesitaban combustible.

Los tanques necesitaban repuestos.

Las tropas necesitaban munición y alimentos.

Las vías ferroviarias soviéticas utilizaban un ancho diferente al europeo, lo que obligaba a realizar trabajos de adaptación.

Las carreteras eran insuficientes para el volumen de tráfico necesario.

La Wehrmacht había conseguido avanzar cientos de kilómetros, pero el mantenimiento de ese avance se volvía cada vez más complicado.


El otoño ruso

Cuando llegaron las lluvias de otoño, muchas carreteras se transformaron en enormes extensiones de barro.

Los vehículos quedaban atrapados.

El transporte se hacía más lento.

Los suministros llegaban tarde.

La famosa raspútitsa, el período de barro provocado por las lluvias y el deshielo, comenzó a afectar gravemente las operaciones.

La campaña que debía desarrollarse con una velocidad extraordinaria empezó a perder ritmo.

Y mientras los alemanes luchaban contra el barro, los soviéticos seguían formando nuevas unidades.


De la guerra relámpago a la guerra de desgaste

Aquí aparece el gran cambio estratégico.

En junio, Hitler esperaba destruir rápidamente al Ejército Rojo.

En julio, los alemanes todavía podían creer que el objetivo era posible.

En agosto, las distancias y la resistencia soviética comenzaban a generar dudas.

En septiembre, la victoria de Kiev volvió a producir optimismo.

Pero para entonces la guerra ya estaba entrando en una nueva etapa.

La Unión Soviética no había colapsado.

Sus principales centros políticos seguían funcionando.

La industria estaba siendo trasladada.

El Ejército Rojo continuaba movilizando hombres.

Y las reservas territoriales parecían inagotables desde la perspectiva alemana.


¿Subestimó Hitler solamente al Ejército Rojo?

No.

El error fue mucho más amplio.

Alemania subestimó tres elementos simultáneamente:

1. La capacidad de movilización humana

La URSS podía sufrir pérdidas enormes y aun así continuar reclutando nuevos soldados.

2. La capacidad industrial

Las fábricas podían ser trasladadas y reconstruidas en el interior.

3. La profundidad territorial

El Ejército Rojo podía retroceder y continuar luchando.

Los tres factores estaban relacionados.

Si una unidad soviética era destruida, podía ser reemplazada.

Si una fábrica era perdida, otra podía continuar produciendo.

Si una ciudad era ocupada, las autoridades podían trasladar recursos y población hacia el interior.

Alemania necesitaba una victoria rápida.

La Unión Soviética necesitaba sobrevivir.


El verdadero significado de Smolensk

Smolensk fue importante no porque representara una derrota alemana.

No lo fue.

Los alemanes consiguieron avances importantes y causaron enormes pérdidas al Ejército Rojo.

Pero Smolensk demostró algo mucho más importante:

el Ejército Rojo podía ser golpeado duramente sin desaparecer.

Esta diferencia entre destruir fuerzas y destruir la capacidad de resistencia de un país sería fundamental durante toda la guerra.

El mapa de la batalla permite apreciar la profundidad de los avances alemanes y las bolsas creadas alrededor de las fuerzas soviéticas.


El comienzo del fracaso de Barbarroja

La Operación Barbarroja no fracasó durante el primer día ni siquiera durante las primeras semanas.

Al contrario: militarmente, Alemania consiguió algunos de los mayores éxitos de su historia.

El problema fue que esos éxitos no produjeron la decisión estratégica buscada.

La Unión Soviética perdió enormes cantidades de soldados y material, pero siguió combatiendo.

Alemania conquistó grandes territorios, pero sus líneas de suministro se hicieron cada vez más largas.

Los soviéticos perdieron fábricas, pero evacuaron parte de su industria.

El Ejército Rojo sufrió derrotas gigantescas, pero recibió nuevas tropas.

Y los nuevos tanques soviéticos comenzaron a mostrar el potencial de una industria que todavía estaba reorganizándose.


El gran error de cálculo

Cuando se analiza Barbarroja, suele hablarse del invierno ruso como una de las causas del fracaso alemán.

El frío fue importante.

El barro fue importante.

Las distancias fueron importantes.

Pero detrás de todos esos factores existía un problema mucho más profundo:

Alemania había entrado en una guerra que no estaba preparada para sostener durante años.

Hitler había calculado que la Unión Soviética podía ser derrotada mediante una serie de gigantescos cercos.

La realidad fue diferente.

Cada cerco destruía un ejército soviético.

Pero detrás aparecía otro.

Cada fábrica capturada representaba una pérdida.

Pero otras fábricas comenzaban a producir más lejos.

Cada ciudad ocupada significaba una victoria.

Pero el frente se alejaba de Alemania.

La Unión Soviética podía absorber golpes que Alemania no había previsto.


Conclusión: Barbarroja cambió la Segunda Guerra Mundial

La Operación Barbarroja comenzó como una de las ofensivas militares más impresionantes de la historia.

Durante sus primeros meses, la Wehrmacht obtuvo enormes victorias.

Pero la campaña también reveló el principal error estratégico de Hitler: haber confundido la destrucción de las fuerzas soviéticas desplegadas en la frontera con la destrucción de la capacidad soviética para hacer la guerra.

La Unión Soviética poseía una combinación formidable de territorio, población, recursos e industria.

Alemania había subestimado especialmente la capacidad de convertir esa base industrial en producción militar después de la invasión.

Los T-34 y KV fueron solamente una primera señal.

Detrás de ellos estaba una industria que comenzaba a reorganizarse para una guerra total.

Cuando los alemanes se dirigieron hacia Moscú durante el otoño de 1941, ya no estaban enfrentando al mismo enemigo que habían encontrado el 22 de junio.

El Ejército Rojo había sufrido una catástrofe.

Pero estaba aprendiendo.

La industria soviética estaba siendo trasladada.

Y la guerra relámpago estaba a punto de enfrentarse con su prueba definitiva.

La Operación Barbarroja había conseguido una cadena extraordinaria de victorias, pero no había conseguido aquello para lo que había sido diseñada: destruir a la Unión Soviética como potencia militar.

Ese sería el comienzo de una guerra de desgaste que Alemania terminaría perdiendo.


Material visual recomendado para Blogger

Foto 1: soldados alemanes avanzando durante las primeras semanas de Barbarroja.

Foto 2: un T-34 soviético de 1941, utilizado para explicar la sorpresa alemana ante los nuevos blindados.

Foto 3: columnas blindadas alemanas durante el avance hacia el interior de la URSS.

Mapa 1: avance alemán entre el 22 de junio y el 25 de agosto de 1941.

Mapa 2: batalla de Smolensk de julio de 1941.

Mapa 3: avance general del Eje durante junio-diciembre de 1941, con las principales bolsas de tropas soviéticas.

Para una publicación de Blogger, es recomendable colocar una fotografía aproximadamente cada 5-7 párrafos, evitando concentrar todas las imágenes al comienzo.