Batalla del Golfo de Leyte: Samar, los kamikazes y el final de la flota japonesa – Parte 2




El USS St. Lo fue alcanzado por un kamikaze el 25 de octubre de 1944 y se convirtió en el primer buque estadounidense hundido por un ataque kamikaze organizado.




El 25 de octubre: los grandes buques japoneses frente a una pequeña fuerza estadounidense



Al amanecer del 25 de octubre de 1944, la situación parecía increíble.

El almirante Takeo Kurita había conseguido atravesar el estrecho de San Bernardino y dirigía una poderosa fuerza hacia el sur.

En su formación se encontraban varios acorazados, entre ellos el Yamato, además de cruceros pesados y destructores.

Frente a ellos estaba Taffy 3, una pequeña fuerza de la Séptima Flota estadounidense.

Taffy 3 disponía de seis pequeños portaaviones de escolta:

  • Fanshaw Bay;
  • Gambier Bay;
  • Kalinin Bay;
  • Kitkun Bay;
  • St. Lo;
  • White Plains.

La escolta estaba formada por tres destructores y cuatro destructores de escolta.

En términos de artillería pesada, la diferencia era absurda.

La fuerza japonesa tenía cuatro acorazados, seis cruceros pesados, dos cruceros ligeros y once destructores frente a seis pequeños portaaviones de escolta y sus escoltas.

[FOTO 5 – Taffy 3 frente a los japoneses]

Pie de foto sugerido: Los pequeños portaaviones de escolta de Taffy 3 quedaron inesperadamente frente a una fuerza japonesa que incluía al superacorazado Yamato.

Los estadounidenses comprendieron rápidamente que no podían ganar una batalla convencional.

Pero tampoco podían escapar fácilmente.

Los portaaviones comenzaron a lanzar todos los aviones disponibles.

Los destructores se colocaron entre los portaaviones y los japoneses.

Se tendieron cortinas de humo.

Y los pequeños aviones estadounidenses comenzaron a atacar.


Los aviones de Taffy 3 atacan a los acorazados

Los aviones de los portaaviones de escolta estaban preparados principalmente para apoyar a las tropas que combatían en Leyte.

Muchos llevaban bombas destinadas a atacar posiciones terrestres.

Otros tenían cohetes.

Algunos estaban preparados para misiones antisubmarinas.

Pero los pilotos utilizaron todo lo que tenían.

Aviones FM-2 Wildcat y TBM Avenger atacaron a los buques japoneses.

En algunos casos los aviones despegaron con una carga de armas inadecuada para una batalla naval.

La desesperación obligó a improvisar.

Los destructores estadounidenses también lanzaron ataques con torpedos.

El USS Johnston, el USS Hoel y el destructor de escolta USS Samuel B. Roberts protagonizaron ataques prácticamente suicidas contra los grandes buques japoneses.


[FOTO 6 – USS Gambier Bay]

Pie de foto sugerido: El portaaviones de escolta USS Gambier Bay bajo el fuego japonés durante la batalla frente a Samar, el 25 de octubre de 1944.

El Gambier Bay fue alcanzado repetidamente.

Los impactos japoneses dañaron sus máquinas y redujeron su velocidad.

El portaaviones quedó rezagado.

Finalmente fue abandonado y se hundió.

Fue una de las pocas ocasiones de la Segunda Guerra Mundial en que un portaaviones estadounidense fue hundido por fuego de superficie.


¿Por qué los japoneses no destruyeron Taffy 3?



Esta es una de las grandes preguntas de Leyte.

Sobre el papel, Kurita tenía fuerza suficiente para destruir aquella pequeña formación.

Pero la batalla fue un caos.

Los japoneses desconocían inicialmente la verdadera composición de la fuerza estadounidense.

Las cortinas de humo ocultaban los portaaviones.

Los aviones estadounidenses atacaban desde diferentes direcciones.

Los destructores japoneses tenían dificultades para coordinarse.

Además, los grandes buques japoneses estaban utilizando munición y sistemas de tiro pensados para combatir buques mucho más pesados.

Los pequeños portaaviones de escolta eran blancos relativamente difíciles.

En algunos casos los proyectiles perforantes atravesaban estructuras ligeras sin producir el efecto devastador que habrían tenido contra un acorazado.

Mientras tanto, los estadounidenses lanzaban torpedos y ataques aéreos desde prácticamente cualquier avión disponible.

El combate se convirtió en una lucha de confusión, humo, torpedos y ataques aéreos.

Los japoneses terminaron perdiendo varios cruceros pesados.

El Chokai, el Chikuma y el Suzuya fueron hundidos, mientras el Kumano resultó gravemente dañado.

Kurita finalmente decidió retirarse.


El Yamato: enorme potencia, escaso resultado

El Yamato había entrado en combate con una reputación extraordinaria.

Sus nueve cañones de 460 mm podían destruir un buque enemigo a distancias enormes.

Pero frente a Samar, la situación fue diferente.

El Yamato disparó contra los buques estadounidenses y participó activamente en el combate.

Sin embargo, su enorme potencia artillera no consiguió convertir la superioridad japonesa en una victoria decisiva.

La fuerza japonesa había llegado a pocos kilómetros de los transportes estadounidenses de Leyte.

Y, sin embargo, no consiguió destruir la flota de invasión.

Este resultado resume buena parte de la tragedia japonesa en Leyte.

Japón tenía algunos de los mejores acorazados del mundo, pero no podía utilizarlos de forma eficaz en un océano dominado por la aviación estadounidense.

El problema no era que el Yamato fuera un mal buque.

Era exactamente lo contrario.

Era extraordinariamente poderoso.

Pero un buque de ese tipo necesitaba reconocimiento, protección aérea, combustible, escoltas, coordinación y una fuerza aérea capaz de mantener alejados a los aviones enemigos.

Japón ya no disponía de esos elementos en cantidad suficiente.


Los primeros ataques kamikazes organizados

El 25 de octubre ocurrió además un acontecimiento que cambiaría la guerra naval.

Japón comenzó a utilizar de manera organizada los ataques kamikaze.

Aunque anteriormente habían existido pilotos que habían realizado ataques deliberadamente suicidas, en Leyte comenzó la utilización organizada de unidades especiales destinadas a estrellarse contra buques enemigos.

Una de las primeras formaciones atacó a los portaaviones de escolta de Taffy 1.

El USS Santee fue alcanzado.

El USS Suwannee también sufrió daños.

Pero el episodio más famoso ocurrió frente a Samar.

Un avión japonés alcanzó al USS St. Lo.

El aparato atravesó la cubierta de vuelo y provocó explosiones entre las municiones almacenadas.

El portaaviones se incendió y terminó hundiéndose en menos de media hora.





El cabo Engaño: los portaaviones japoneses utilizados como señuelo

Mientras se desarrollaba la batalla de Samar, Halsey había llevado sus grandes portaaviones hacia el norte.

Allí se encontraba la fuerza de Ozawa.

El engaño japonés había funcionado.

Pero el resultado sería catastrófico para Japón.

Los portaaviones japoneses tenían una capacidad aérea muy reducida.

El Zuikaku, veterano de Pearl Harbor, terminó hundido.

También fueron hundidos los portaaviones ligeros Zuiho, Chitose y Chiyoda.

La batalla del cabo Engaño significó prácticamente el final de la fuerza de portaaviones japonesa como instrumento ofensivo.

El sacrificio de los portaaviones de Ozawa había conseguido atraer a Halsey, pero Kurita no consiguió aprovechar suficientemente la oportunidad.

La estrategia japonesa había funcionado parcialmente en el plano táctico, pero había fracasado completamente en el plano estratégico.



Balance de pérdidas: una derrota devastadora para Japón

La Batalla del Golfo de Leyte terminó siendo una de las peores derrotas navales japonesas de toda la Segunda Guerra Mundial.

Las cifras pueden variar según se incluyan determinados buques y pérdidas ocurridas inmediatamente después de los combates.

Una estimación ampliamente utilizada registra la pérdida japonesa de 26 buques de guerra, incluyendo tres acorazados, cuatro portaaviones, varios cruceros y destructores. El Departamento de Defensa estadounidense también contabiliza 26 buques japoneses perdidos frente a siete buques estadounidenses.

Principales pérdidas japonesas

Entre los buques japoneses perdidos estuvieron:

  • Musashi, acorazado;
  • Fuso, acorazado;
  • Yamashiro, acorazado;
  • Zuikaku, portaaviones;
  • Zuiho, portaaviones ligero;
  • Chitose, portaaviones ligero;
  • Chiyoda, portaaviones ligero;
  • varios cruceros pesados;
  • cruceros ligeros;
  • numerosos destructores.

La lista exacta varía según la fuente y el criterio utilizado para contabilizar las unidades perdidas durante las operaciones relacionadas con Leyte.

Pérdidas estadounidenses

Estados Unidos sufrió pérdidas importantes, aunque mucho menores en términos de poder naval.

Entre los buques hundidos se encontraban:

  • USS Princeton, portaaviones ligero;
  • USS Gambier Bay, portaaviones de escolta;
  • USS St. Lo, portaaviones de escolta;
  • USS Hoel, destructor;
  • USS Johnston, destructor;
  • USS Samuel B. Roberts, destructor de escolta.

El Gambier Bay fue destruido por fuego de superficie japonés, mientras el St. Lo fue hundido por un kamikaze.


Comparación final de las dos flotas

La batalla permite comprender mejor por qué el resultado de la guerra naval del Pacífico ya estaba prácticamente decidido.

AspectoEstados UnidosJapón
PortaavionesMuy numerososMuy pocos
Portaaviones de escoltaGran cantidadSin equivalente
AeronavesEnorme disponibilidadEscasez creciente
Pilotos experimentadosAmplias reservas y entrenamientoPérdidas irreemplazables
Acorazados12 aproximadamente en la operación7
DestructoresMás de 100Algo más de 30
SubmarinosAmplia fuerzaMenor capacidad
RadarMuy extendidoInferior en cantidad y eficacia
LogísticaEnorme capacidad industrialCombustible y recursos limitados
Reemplazo de buquesMuy altoPrácticamente imposible
Cobertura aéreaMuy superiorInsuficiente

Las cifras globales de la batalla muestran el enorme desequilibrio: fuentes navales estadounidenses y estudios posteriores sitúan a Estados Unidos con una fuerza muy superior en portaaviones, acorazados, destructores y aeronaves.


Las consecuencias de Leyte



La consecuencia más importante fue estratégica.

La Marina Imperial Japonesa dejó de ser capaz de realizar una gran ofensiva naval convencional.

Todavía podía combatir.

Todavía podía causar enormes pérdidas.

Todavía tenía submarinos, aviones, destructores, cruceros y el propio Yamato.

Pero ya no podía reunir una flota capaz de disputar seriamente a Estados Unidos el control del Pacífico.

La conquista de Filipinas también amenazaba las comunicaciones japonesas con las fuentes de petróleo y materias primas del sudeste asiático.

La batalla fue, por lo tanto, mucho más que una derrota naval.

Fue el principio del aislamiento definitivo de Japón.

El Naval History and Heritage Command considera que las batallas de Leyte destruyeron a la Armada Imperial Japonesa como fuerza ofensiva y contribuyeron decisivamente a la derrota japonesa en 1945.


El verdadero significado de los superacorazados japoneses

La historia del Yamato y el Musashi resume la evolución de la guerra naval durante la Segunda Guerra Mundial.

Japón había invertido enormes recursos en construir los dos acorazados más grandes de la historia.

El Musashi fue hundido en Sibuyan por ataques aéreos.

El Yamato sobrevivió a Leyte, pero no consiguió detener la invasión estadounidense.

Meses después, en abril de 1945, el Yamato sería enviado en la Operación Ten-Go hacia Okinawa, en una misión prácticamente suicida.

Sería destruido por aviones estadounidenses antes de alcanzar la isla.

La paradoja era evidente.

Los dos barcos más grandes y poderosamente armados jamás construidos no pudieron cambiar el curso de la guerra.

No porque fueran malos buques.

Sino porque la guerra había cambiado.

La época en la que el acorazado era el principal instrumento para decidir quién dominaba el océano estaba terminando.

El portaaviones y la aviación naval habían tomado ese lugar.


Leyte y el comienzo de una nueva guerra: los kamikazes

Leyte también marcó el comienzo de una nueva y terrible etapa.

Los ataques kamikazes demostraron que Japón estaba dispuesto a utilizar pilotos y aviones como armas suicidas para compensar su inferioridad material.

El método podía provocar daños importantes.

Pero tenía un problema fundamental: cada avión y cada piloto utilizados de esa manera eran prácticamente imposibles de reemplazar.

Los kamikazes podían hundir un portaaviones o destruir un destructor.

Pero no podían solucionar la enorme diferencia industrial entre Japón y Estados Unidos.

La Marina estadounidense podía construir nuevos barcos, reparar los dañados y entrenar nuevos pilotos.

Japón tenía cada vez menos capacidad para hacer lo mismo.


Una victoria que estuvo más cerca del desastre de lo que parece

Existe una paradoja en Leyte.

Estados Unidos ganó.

Pero la victoria no fue sencilla.

La fuerza de Kurita llegó a una posición desde la que podía haber atacado la flota de transportes estadounidense.

Taffy 3 se encontraba en una situación desesperada.

Los destructores estadounidenses tuvieron que realizar ataques prácticamente suicidas.

Los portaaviones de escolta estuvieron bajo fuego de los acorazados japoneses.

El almirante Kurita, sin embargo, decidió retirarse.

Su decisión continúa siendo uno de los episodios más debatidos de la batalla.

De haber continuado el avance hacia Leyte, podría haber causado daños muy superiores a la flota de invasión.

Pero la confusión del combate, los ataques aéreos estadounidenses, las pérdidas sufridas, la incertidumbre sobre la situación y la percepción de que enfrentaba una fuerza mucho mayor contribuyeron a su retirada.

El sacrificio de Taffy 3 había conseguido algo extraordinario: convertir una derrota aparentemente segura en una victoria estadounidense.


Conclusión: Leyte fue el final de la gran flota japonesa


La Batalla del Golfo de Leyte fue una de las mayores demostraciones de poder naval de la Segunda Guerra Mundial.

Japón puso en juego sus últimos grandes buques.

Estados Unidos respondió con una combinación de portaaviones, acorazados, submarinos, destructores, aviación y una capacidad logística inmensamente superior.

El resultado fue contundente.

La Marina Imperial Japonesa perdió una parte esencial de sus grandes buques de combate y, sobre todo, perdió la posibilidad de volver a disputar a Estados Unidos el dominio del Pacífico.

El Musashi terminó en el fondo del mar.

El Yamato sobrevivió, pero no consiguió cumplir su misión.

Los portaaviones japoneses fueron utilizados como señuelo y prácticamente destruidos.

Los acorazados del estrecho de Surigao fueron aniquilados.

Y frente a Samar, pequeños portaaviones de escolta, destructores y aviones lograron frenar a una fuerza japonesa muy superior.

Leyte demostró que el futuro de la guerra naval pertenecía a quien pudiera controlar el aire.

Y ese futuro ya pertenecía a Estados Unidos.

La batalla del Golfo de Leyte no fue solamente la derrota de una flota. Fue el momento en que la Marina Imperial Japonesa dejó de tener capacidad para decidir el destino de la guerra en el Pacífico.

Ver En El Blog:

Batalla del Golfo de Leyte: el choque entre las flotas de Japón y Estados Unidos – Parte 1

SGM.