Batalla del Golfo de Leyte: el choque entre las flotas de Japón y Estados Unidos – Parte 1





El Golfo de Leyte: cuando Japón apostó todo a una última batalla naval

Entre el 23 y el 26 de octubre de 1944, las aguas de Filipinas fueron escenario de uno de los mayores enfrentamientos navales de la historia: la Batalla del Golfo de Leyte.

Más que una batalla aislada, Leyte fue una enorme operación compuesta por varios combates simultáneos: el enfrentamiento del estrecho de Palawan, la batalla del mar de Sibuyan, la batalla del estrecho de Surigao, la batalla frente a Samar y la batalla del cabo Engaño.

Japón intentó utilizar prácticamente todo lo que quedaba de su gran flota de superficie para detener el desembarco estadounidense en Filipinas.

El objetivo japonés era sencillo en teoría: destruir o dispersar la enorme fuerza naval que protegía la invasión de Leyte y, sobre todo, atacar los transportes y buques de desembarco concentrados en el golfo.

Pero la situación de Japón en el otoño de 1944 era muy diferente a la de 1941.

La Marina Imperial todavía poseía algunos de los buques de guerra más poderosos del planeta, incluidos los gigantes Yamato y Musashi, pero había perdido una enorme cantidad de pilotos experimentados, portaaviones y capacidad logística.

La batalla demostraría una vez más que poseer los barcos más grandes y mejor armados no garantizaba controlar el mar.



[FOTO 1 – La invasión de Leyte]

Pie de foto sugerido: Las fuerzas estadounidenses desembarcan en Leyte el 20 de octubre de 1944. La operación obligó a Japón a ejecutar su plan Sho-Go para intentar destruir la flota aliada.


La situación estratégica antes de Leyte

Después de las derrotas japonesas en Midway, Guadalcanal, las Marianas y, especialmente, la batalla del Mar de Filipinas, la Armada Imperial Japonesa había quedado seriamente debilitada.

La pérdida de cuatro portaaviones en el Mar de Filipinas en junio de 1944 fue acompañada por una enorme destrucción de aviadores navales.

En octubre, la aviación embarcada japonesa ya no podía proporcionar a sus grandes buques la protección aérea que habían tenido durante los primeros años de la guerra.

Antes de Leyte, además, los ataques estadounidenses contra Okinawa, Formosa y Luzón habían destruido centenares de aviones japoneses. El Naval History and Heritage Command estima que las operaciones aéreas estadounidenses de octubre destruyeron aproximadamente 500 aeronaves japonesas, reduciendo todavía más la capacidad de cobertura aérea japonesa.

A pesar de ello, Japón decidió jugarse prácticamente todo en Filipinas.

La operación recibió el nombre de Sho-Go 1.

La idea japonesa consistía en dividir sus fuerzas en varios grupos y atacar desde diferentes direcciones.

El plan era extraordinariamente complejo.

Mientras una fuerza pesada avanzaría desde el oeste hacia el estrecho de San Bernardino, otra entraría por el estrecho de Surigao. Al mismo tiempo, una fuerza de portaaviones navegaría hacia el norte de Luzón para actuar como señuelo y atraer a los portaaviones estadounidenses lejos de Leyte.

Era una apuesta desesperada.


Las fuerzas enfrentadas: una diferencia cada vez mayor

Sobre el papel, Japón todavía podía presentar una flota impresionante.

La fuerza de Kurita incluía los gigantes Yamato y Musashi, además de los acorazados Nagato, Kongo y Haruna, junto a numerosos cruceros pesados y destructores.

La fuerza del sur incluía los acorazados Yamashiro y Fuso.

La fuerza norte de Ozawa disponía de cuatro portaaviones y dos buques híbridos de tipo acorazado-portaaviones.

Sin embargo, había una diferencia fundamental: los portaaviones japoneses tenían muy pocos aviones y tripulaciones experimentadas.

Una comparación de las fuerzas disponibles muestra la enorme diferencia industrial y material que existía ya entre ambos contendientes.

Tipo de buqueEstados UnidosJapón
Portaaviones de flota8-91
Portaaviones ligeros6-83
Portaaviones de escolta18
Acorazados127
Crucerosmás de 20alrededor de 19
Destructoresmás de 100más de 30
Aeronavesmás de 1.100varios cientos, incluyendo aviones terrestres

Las cifras exactas varían según se contabilicen unidades de apoyo, fuerzas que se encontraban en tránsito o aeronaves terrestres. Pero el desequilibrio general era indiscutible.

El U.S. Naval Institute calcula que las fuerzas estadounidenses disponían de 16 portaaviones de flota, 18 portaaviones de escolta, 12 acorazados, 23 cruceros, 105 destructores y más de 1.100 aviones.

La Marina Imperial, en cambio, estaba obligada a utilizar sus portaaviones casi como una fuerza de sacrificio.


Los submarinos estadounidenses dan el primer golpe

El 23 de octubre comenzó la batalla incluso antes de que las grandes flotas pudieran enfrentarse.

Los submarinos estadounidenses USS Darter y USS Dace detectaron a la Fuerza Central japonesa en el estrecho de Palawan.

Los submarinos lanzaron torpedos contra la formación.

El resultado fue devastador.

Los cruceros pesados japoneses Atago y Maya fueron hundidos, mientras el Takao resultó gravemente dañado.

Otro crucero japonés, el Aoba, también resultó averiado.

El hundimiento del Atago tuvo además una consecuencia importante: el propio comandante de la Fuerza Central, el vicealmirante Takeo Kurita, tuvo que abandonar el buque insignia y fue rescatado.

El episodio demostró que la flota japonesa estaba entrando en una zona dominada por submarinos, aviones y fuerzas estadounidenses muy superiores.


El mar de Sibuyan: la tragedia del Musashi

El 24 de octubre llegó uno de los momentos más importantes de toda la batalla.

La Fuerza Central de Kurita avanzaba por el mar de Sibuyan hacia el estrecho de San Bernardino.

Allí fue localizada por los aviones de los portaaviones estadounidenses.

Los pilotos comenzaron a atacar.

Entre los objetivos estaba el Musashi, gemelo del Yamato.



[FOTO 2 – El Musashi bajo ataque]

Pie de foto sugerido: El superacorazado japonés Musashi bajo intenso ataque aéreo estadounidense en el mar de Sibuyan, el 24 de octubre de 1944.

El Musashi era uno de los buques de guerra más grandes y poderosos jamás construidos.

Desplazaba decenas de miles de toneladas y estaba armado con nueve cañones de 460 mm, los mayores instalados en un buque de guerra operativo.

Su blindaje había sido diseñado para resistir impactos que habrían destruido a la mayoría de los acorazados enemigos.

Pero el problema era que su blindaje no podía compensar la ausencia de una adecuada cobertura aérea.

Los aviones estadounidenses atacaron una y otra vez.

Según el Naval History and Heritage Command, el Musashi recibió aproximadamente 19 torpedos y 17 bombas antes de hundirse.

El gigantesco acorazado terminó hundiéndose aproximadamente a las 19:30.

Más de mil hombres murieron.

El episodio se convirtió en una de las imágenes más poderosas de la transformación de la guerra naval: un buque diseñado para enfrentarse a otros acorazados había sido destruido principalmente por aviones.


¿Qué ocurrió con el Yamato?

El Yamato, buque insignia de Kurita, también fue atacado durante el combate del mar de Sibuyan.

Recibió impactos de bombas y torpedos, aunque logró sobrevivir.



[FOTO 3 – Yamato bajo ataque]

Pie de foto sugerido: El Yamato bajo ataque aéreo estadounidense en el mar de Sibuyan, el 24 de octubre de 1944.

El contraste con el Musashi fue revelador.

El Yamato tenía potencia de fuego suficiente para destruir prácticamente cualquier buque de superficie que pudiera alcanzar.

Sin embargo, encontrar un objetivo adecuado y llegar hasta él era otra cuestión.

El problema fundamental de la Marina Imperial no era la potencia de sus cañones.

Era que sus grandes buques ya no podían operar eficazmente sin cobertura aérea.

Los estadounidenses habían comprendido esto mucho antes.


El fracaso de los superacorazados japoneses

La experiencia del Yamato y el Musashi durante Leyte permite realizar una comparación importante.

Los superacorazados japoneses eran extraordinarios desde el punto de vista técnico.

Sus cañones de 460 mm podían lanzar proyectiles de enorme peso a grandes distancias.

Su blindaje era excepcional.

Su tamaño era impresionante.

Pero estaban diseñados para una concepción de guerra naval que había quedado parcialmente superada.

La guerra moderna del Pacífico estaba siendo decidida cada vez más por:

  • portaaviones;
  • aviación embarcada;
  • submarinos;
  • reconocimiento aéreo;
  • radares;
  • torpedos;
  • coordinación entre distintas fuerzas;
  • superioridad logística.

En ese contexto, un acorazado sin cobertura aérea podía convertirse en un enorme blanco.

La destrucción del Musashi fue una demostración brutal de esta realidad.

Y el Yamato, aunque sobrevivió a Leyte, tampoco consiguió cumplir la misión estratégica para la que había sido enviado.


La batalla del estrecho de Surigao

Mientras Kurita avanzaba por el centro de Filipinas, otra fuerza japonesa intentaba entrar en el golfo desde el sur.

El vicealmirante Shoji Nishimura disponía de los acorazados Yamashiro y Fuso, el crucero pesado Mogami y varios destructores.

Su objetivo era atravesar el estrecho de Surigao.

Pero los estadounidenses estaban preparados.

El almirante Jesse Oldendorf había desplegado una fuerza formada por seis acorazados, cruceros, destructores y lanchas torpederas.

Entre los acorazados estadounidenses se encontraban varios veteranos del ataque a Pearl Harbor, incluidos West Virginia, Maryland, Tennessee, California y Pennsylvania.

La diferencia tecnológica y táctica era decisiva.

Los destructores estadounidenses atacaron primero con torpedos.

Después entraron en acción los cruceros.

Finalmente, los acorazados abrieron fuego.



[FOTO 4 – Acorazados estadounidenses en Surigao]

Pie de foto sugerido: Los acorazados estadounidenses de la fuerza de Jesse Oldendorf se preparan para cerrar el estrecho de Surigao.

El combate terminó con la destrucción de la fuerza japonesa.

Los acorazados Fuso y Yamashiro fueron hundidos.

El crucero pesado Mogami quedó gravemente dañado y terminaría siendo destruido posteriormente.

Varios destructores japoneses también fueron hundidos.

Surigao fue además la última batalla de la historia en la que acorazados se enfrentaron directamente en una acción naval clásica de línea de batalla.

La vieja guerra de acorazados estaba llegando a su final.

Pero en el norte y frente a Samar todavía esperaba el episodio más dramático de Leyte.


La trampa de Ozawa

Mientras las fuerzas de Kurita y Nishimura avanzaban hacia Leyte, la fuerza de portaaviones de Jisaburo Ozawa navegaba hacia el norte.

Su misión era prácticamente suicida.

Ozawa tenía portaaviones, pero muy pocos aviones operativos.

Su fuerza incluía al veterano Zuikaku, último superviviente de los seis grandes portaaviones japoneses que habían participado en Pearl Harbor, además de los portaaviones ligeros Zuiho, Chitose y Chiyoda y dos buques híbridos.

El plan funcionó.

Los estadounidenses detectaron la fuerza japonesa al norte y el almirante William Halsey decidió dirigir hacia allí el grueso de su poderosa Tercera Flota.

La trampa japonesa había cumplido su objetivo.

Pero había un problema.

Mientras Halsey perseguía a los portaaviones de Ozawa, la poderosa fuerza de Kurita había logrado atravesar el estrecho de San Bernardino.

Y al amanecer del 25 de octubre apareció frente a una formación estadounidense que prácticamente no tenía posibilidades de enfrentarse a semejante enemigo.

Era la fuerza conocida como Taffy 3.

Y allí comenzaría uno de los combates más extraordinarios de toda la Segunda Guerra Mundial.

Continúa en la Parte 2: La batalla frente a Samar, el ataque de los kamikazes, el papel del Yamato y el balance definitivo de pérdidas.



SGM.