Batalla de Sicilia 1943: el contraataque italiano destruido por la artillería naval aliada
La invasión de Sicilia
El 10 de julio de 1943 comenzó una de las operaciones anfibias más importantes de la Segunda Guerra Mundial: la Operación Husky, la invasión aliada de Sicilia.
Después de la derrota del Eje en el norte de África, los Aliados buscaban abrir un nuevo frente en Europa y presionar directamente a Italia. Sicilia fue elegida como el siguiente objetivo debido a su posición estratégica en el Mediterráneo.
Durante las primeras horas del 10 de julio, fuerzas estadounidenses, británicas y canadienses desembarcaron en diferentes sectores de la costa siciliana. Las fuerzas estadounidenses del general George S. Patton desembarcaron principalmente en el sector occidental y central, mientras que el Octavo Ejército británico de Bernard Montgomery lo hizo más al este.
Los desembarcos se produjeron entre fuertes dificultades meteorológicas y una defensa italiana que, en numerosos lugares, se mostró incapaz de impedir el establecimiento de las cabezas de playa.
Sin embargo, en la zona de Gela, la situación estuvo cerca de convertirse en una catástrofe para los estadounidenses.
Gela: el punto crítico de la invasión
Gela tenía una enorme importancia para los estadounidenses porque allí desembarcó la 1.ª División de Infantería de Estados Unidos, junto con los Rangers y otras unidades.
Los primeros desembarcos encontraron resistencia, pero las fuerzas estadounidenses consiguieron establecer una cabeza de playa.
El problema para los defensores del Eje era que los Aliados todavía tenían una posición muy vulnerable. Muchos vehículos y tanques no habían podido desembarcar, las comunicaciones eran deficientes y las tropas se encontraban dispersas.
Los mandos alemanes e italianos comprendieron que existía una oportunidad: destruir la cabeza de playa antes de que los estadounidenses pudieran consolidarla.
El general italiano Alfredo Guzzoni, comandante de las fuerzas del Eje en Sicilia, ordenó preparar un contraataque contra Gela.
El plan contemplaba una operación combinada.
Desde el noreste avanzarían unidades alemanas, mientras que desde el noroeste actuaría la 4.ª División de Infantería Livorno, una de las principales formaciones italianas presentes en Sicilia.
La intención era cerrar el cerco sobre las fuerzas estadounidenses y arrojarlas nuevamente al mar.
La División Livorno entra en combate
La División Livorno estaba formada por soldados italianos destinados a la defensa de Sicilia. Su participación en el contraataque constituye uno de los episodios más dramáticos de la campaña.
El comandante de la división era el general Domenico Chirieleison.
Las órdenes eran avanzar hacia Gela y atacar las posiciones estadounidenses desde el oeste mientras las fuerzas alemanas lo hacían desde otras direcciones.
Sobre el papel, el movimiento podía poner en peligro toda la cabeza de playa.
Pero el plan tenía importantes problemas.
Las comunicaciones del Eje habían quedado seriamente afectadas por los bombardeos y por la actividad de las fuerzas aerotransportadas aliadas. Además, las unidades italianas y alemanas no consiguieron coordinarse perfectamente.
El resultado fue que el contraataque perdió buena parte de la potencia que habría tenido si todas las fuerzas hubieran atacado simultáneamente.
El avance italiano hacia Gela
Durante el 10 y especialmente el 11 de julio, las tropas italianas comenzaron a avanzar hacia las posiciones estadounidenses.
Los soldados de la Livorno se encontraron con una resistencia cada vez mayor.
Pero los italianos no solamente tuvieron que enfrentarse a la infantería estadounidense.
Frente a ellos se encontraba una de las grandes ventajas tecnológicas y tácticas de los Aliados: el apoyo de la artillería naval.
Los cruceros y destructores estadounidenses podían disparar desde el mar contra concentraciones de tropas, baterías de artillería, vehículos y columnas que avanzaban hacia las playas.
Entre los buques que participaron en el combate estuvieron los cruceros ligeros USS Savannah y USS Boise, acompañados por destructores y otras unidades.
El fuego naval podía ser dirigido contra objetivos situados varios kilómetros tierra adentro, y los observadores avanzados ayudaban a corregir los disparos.
La situación comenzó a cambiar rápidamente.
El USS Savannah y el USS Boise
El USS Savannah, equipado con cañones de 6 pulgadas, tuvo una participación particularmente importante durante los combates de Gela.
El USS Boise también abrió fuego contra las fuerzas del Eje y contribuyó a detener los ataques.
Los registros de la Marina estadounidense describen cómo los cruceros dispararon contra baterías de artillería y concentraciones de tropas, mientras las fuerzas terrestres intentaban contener el avance enemigo.
La artillería naval no constituía simplemente un bombardeo previo al desembarco. Durante los días siguientes se convirtió en una auténtica artillería pesada de apoyo para las tropas que combatían en tierra.
La documentación histórica de la Marina estadounidense considera especialmente importante su intervención para detener los contraataques contra la cabeza de playa de Gela.
Una lluvia de proyectiles sobre las columnas del Eje
Cuando las columnas italianas y alemanas comenzaron a acercarse a las posiciones estadounidenses, los defensores solicitaron apoyo naval.
Desde el mar comenzaron a caer proyectiles de gran calibre sobre las zonas donde se concentraban las tropas del Eje.
Los efectos fueron devastadores.
Las explosiones desorganizaban las formaciones, destruían vehículos y obligaban a los soldados a buscar refugio en zanjas, muros, árboles y cualquier accidente del terreno.
Los documentos de la Marina estadounidense describen el fuego naval como extremadamente efectivo para dispersar concentraciones de tropas y silenciar baterías.
El USS Savannah llegó a disparar más de 500 proyectiles de 6 pulgadas durante una de las jornadas de combate alrededor de Gela. Al finalizar sus operaciones en Sicilia había disparado 1.890 proyectiles de 6 pulgadas.
El fracaso del contraataque
El contraataque del Eje alcanzó momentos de extrema peligrosidad.
Las tropas alemanas de la División Hermann Göring y las unidades italianas de Livorno avanzaron contra la cabeza de playa.
En determinados sectores, los alemanes llegaron a acercarse peligrosamente a las playas. Algunos carros de combate incluso penetraron en Gela.
Pero el ataque no consiguió destruir las posiciones estadounidenses.
El fuego de la artillería terrestre estadounidense y, especialmente, el fuego naval terminaron modificando el resultado de la batalla.
Un informe histórico de la campaña señala que el 11 de julio fue probablemente el día más peligroso para el Séptimo Ejército estadounidense durante la invasión de Sicilia. La División Hermann Göring y la División Livorno participaron en el esfuerzo por destruir la cabeza de playa.
El papel decisivo de la artillería naval
La batalla de Gela demostró algo que los propios mandos aliados habían comenzado a comprender: los grandes cañones de los buques podían convertirse en una especie de artillería pesada móvil situada frente a las costas.
Los cruceros podían cambiar rápidamente de objetivo y concentrar enormes cantidades de fuego sobre una determinada zona.
La Marina estadounidense documentó posteriormente que el fuego naval había sido particularmente eficaz en Sicilia.
Las baterías enemigas fueron silenciadas, las concentraciones de tropas dispersadas y los ataques blindados detenidos.
El episodio de Gela fue considerado uno de los ejemplos más destacados de la eficacia del apoyo naval durante la campaña.
Una fotografía conservada por los Archivos Nacionales de Estados Unidos muestra precisamente al USS Boise disparando contra fuerzas del Eje cerca de Gela el 11 de julio de 1943.
¿Fue realmente aniquilada la División Livorno?
Durante décadas, algunas narraciones populares han presentado el episodio como una completa aniquilación del ejército italiano en Gela.
La realidad fue algo más compleja.
La División Livorno sufrió fuertes bajas y quedó seriamente desorganizada, pero no desapareció físicamente por completo.
El fracaso del contraataque significó, sin embargo, que había perdido la posibilidad de cumplir su principal misión: expulsar a los estadounidenses de la zona de Gela.
La situación del Ejército italiano en Sicilia era cada vez más difícil.
Las tropas italianas estaban mal equipadas frente a la creciente superioridad material aliada y dependían cada vez más de las unidades alemanas para intentar contener la invasión.
Además, la coordinación entre las fuerzas italianas y alemanas era problemática.
El propio Ejército estadounidense señala que Guzzoni había previsto un ataque coordinado en el que la Livorno avanzaría desde el noroeste y la División Hermann Göring desde el noreste.
Una derrota que anticipaba el final del régimen de Mussolini
La derrota en Sicilia tuvo consecuencias que fueron mucho más allá del campo de batalla.
Durante las semanas siguientes, los Aliados avanzaron rápidamente por la isla.
Palermo cayó el 22 de julio y finalmente las tropas aliadas llegaron a Messina el 17 de agosto de 1943, completando la conquista de Sicilia.
Mientras tanto, la situación política de Italia se deterioraba rápidamente.
El 25 de julio de 1943, apenas dos semanas después de los desembarcos, Benito Mussolini fue destituido.
El nuevo gobierno italiano comenzó a buscar una salida de la guerra.
Finalmente, Italia firmó un armisticio con los Aliados en septiembre de 1943.
Pero la retirada italiana de la guerra no significó el final de los combates en la península. Alemania ocupó importantes zonas de Italia y las tropas alemanas continuaron combatiendo contra los Aliados hasta 1945.
Gela: una lección de la Segunda Guerra Mundial
La batalla de Gela quedó como uno de los ejemplos más importantes de la guerra anfibia moderna.
Los estadounidenses estuvieron cerca de sufrir una derrota grave durante los primeros días de la invasión, pero consiguieron conservar su cabeza de playa.
La combinación de infantería, artillería terrestre, aviación y, sobre todo, artillería naval, resultó fundamental.
Para las fuerzas italianas, el fracaso del contraataque fue una demostración de la enorme diferencia existente entre sus medios y los recursos industriales y militares de los Aliados.
La División Livorno combatió y sufrió importantes pérdidas, pero no pudo alcanzar su objetivo.
Los soldados italianos que avanzaban hacia Gela se encontraron con una fuerza que todavía no estaba completamente consolidada, pero que disponía de un recurso decisivo: los cañones de los cruceros y destructores aliados situados frente a la costa.
Cuando los proyectiles comenzaron a caer sobre las columnas del Eje, el contraataque perdió impulso.
La batalla de Sicilia había comenzado.
Y para el régimen de Mussolini, el desastre de la isla sería el principio del fin.
Datos principales
| Acontecimiento | Fecha |
|---|---|
| Inicio de la Operación Husky | 10 de julio de 1943 |
| Desembarco aliado en Gela | 10 de julio de 1943 |
| Contraataques del Eje | 10-11 de julio de 1943 |
| Participación de la División Livorno | Julio de 1943 |
| Caída de Palermo | 22 de julio de 1943 |
| Caída de Mussolini | 25 de julio de 1943 |
| Conquista de Messina | 17 de agosto de 1943 |
| Armisticio de Italia | 3 de septiembre de 1943 |
| Anuncio del armisticio | 8 de septiembre de 1943 |
Conclusión
El contraataque de Gela fue una de las últimas grandes oportunidades del Eje para expulsar a los Aliados de Sicilia.
La División Livorno italiana, junto con las fuerzas alemanas, intentó destruir la cabeza de playa estadounidense, pero la falta de coordinación, la superioridad material aliada y el extraordinario poder de la artillería naval hicieron fracasar la ofensiva.
Los cañones del USS Savannah, USS Boise y otros buques aliados demostraron que una flota podía influir directamente en una batalla terrestre y convertirse en un factor decisivo para salvar una cabeza de playa.
En Gela, la guerra llegó literalmente desde el mar: mientras los soldados luchaban por mantener sus posiciones en tierra, los grandes cañones de los cruceros aliados castigaban las columnas que intentaban arrojarlos nuevamente al Mediterráneo.
La derrota italiana en Sicilia no fue por sí sola la causa de la caída de Mussolini, pero sí constituyó una de las señales más evidentes de que la Italia fascista había perdido la capacidad de sostener la guerra.
SGM